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viernes, 3 de mayo de 2013

JUAN BOSCH: MIS RELACIONES CON CAAMAÑO

Profesor Juan Bosch y el Coronel Caamaño   

En un articulo que produjo la revista ¡ahora!, No 486, del 5 de marzo de este año bajo el titulo de “Bosch relata la desaparición de Caamaño” conté mis relaciones con el Héroe de abril hasta aquel domingo” ya en el mes de octubre    (de 1967)” cuando “Caamaño y su familia salieron hacia Madrid desde Benidorm, donde vivía para esos días.  En ese articulo expliqué que al despedirme “me dio un abrazo y me dijo algo que no pude entender.  Sin embargo, el abrazo y las palabras se correspondían y tenían una significación especial; no era una despedida simple sino algo más.  Fue como si me hubiera dicho que volviéramos a vernos en circunstancias especiales, en otra forma, en otra tierra”, según dije en ese artículo.  Y lo cierto es que no volvimos a vernos, aunque faltó poco para que nos viéramos de nuevo; y nuestras relaciones se reanudaron, aunque de manera irregular y por muy poco tiempo, algunos meses del año 1968. Y a esas relaciones cortas e irregulares es a las que voy a referirme en este artículo.
No me seria fácil ahora, a esta distancia de años, cuantos días pasaron desde que Caamaño salió de Benidorm hasta que llegó a Londres; pero deben haber sido pocos porque no debíamos ir por el 15 de octubre cuando se presentó en mi casa una persona que llevaba un mensaje de Caamaño.  El mensaje iba dentro de un cigarrillo y era muy corto; en él me anunciaba que el portador me entregaría 500 dólares para que los guardaras para él (Caamaño) podría necesitar en cualquier momento que alguien hiciera viaje a cualquiera otra gestión que él pudiera pedirme.  Tal vez dos o tres semanas después de eso, a fines de la primera semana del mes de noviembre, tal como dije en el artículo que reprodujo la revista ¡ahora!, se presentó en Benidorm el capitán Héctor Lachapelle Díaz; y según dijo en el mencionado artículo: “había volado desde Londres hasta Alicante para saber si yo tenia noticias del coronel Caamaño; el Dr. Jottin Cury y Doña Chichita de Caamaño, también en busca de noticias.  Cury, Montes Arache, Lachapelle y yo tuvimos largo tiempo realizando punto por punto, y con la mayor atención, todas las posibilidades del caso, y nuestra conclusión fue una: el coronel Caamaño se había ido de Europa por su propia voluntad y después de haber preparado con mucha con mucha anticipación y con mucho cuidado cada uno de sus pasos.  No había temor de que le hubiera sucedido o pudiera sucederle una desgracia.  Nuestras dudas quedaron sin aclarar sólo en un aspecto.  No sabíamos, ni podríamos averiguarlo por el momento, a donde había ido Caamaño.
Lo que no dije de esa entrevista en ese artículo es que en vista de que ni Montes Arache ni Lachapelle Díaz ni Jottin Cury tenía medios para moverse por Europa; yo dispuse de los 500 dólares que  Caamaño me había mandado unas tres semanas antes y se los entregué para que los usaran a su mejor saber y entender.  A partir de entonces no volví a tener noticias de Caamaño, pero el 6 de enero de 1968 (y no puedo olvidar la fecha porque en la noche anterior había nevado en las montañas que están detrás de Benidorm y el día de los Reyes Magos era frio hasta calar los huesos) supe que estaba en Cuba; lo supe por una visita que llegó de Valencia a llevarme un mensaje suyo.
Yo tengo buena memoria, y para algunas cosas, muy buena; pero hay algunas otras en la cual no es buena; por ejemplo, en los títulos de los libros que leo y en las fechas de los acontecimientos de mi vida, sean o no sean importantes.  Puedo recordar que el día de la llegada a Benidorm de la visita de que acabo de hablar era 6 de enero porque en ese caso se unieron dos circunstancias; era el día  de Reyes y las montañas de Benidorm estaban nevadas.  Sin embargo, no podría decir ahora con seguridad si las cosas que voy a referir inmediatamente las dije en esa fecha o en el mes de marzo, cuando volvió a visitarme la misma persona.  Creo, sin embargo, que lo que hablé entonces con esa visita fue lo que voy a contar porque parte de la conversación se relacionó con el Dr. José Francisco Peña Gómez y el Dr. Peña Gómez andaba por esos días cerca de España; tal vez estaba en Suecia y creo que estuvo en Benidorm al finalizar el mes de diciembre.
Lo primero que me dijo la visita, de parte del coronel  Caamaño, era que él se hallaba en Cuba y que había un Cubano interesado en tener entrevista con el compañero Peña Gómez (que todavía no tenia titulo de Doctor en Derecho); que la entrevista se había arreglado para ser celebrada en París; que Peña Gómez debía entrar en el tren subterráneo (metro) de la plaza Marceau a las 3:00 de la tarde que cuando fuera bajando las escalera se le acercaría un hombre y le preguntaría si el fumaba cigarrillos Aurora, a lo que Peña Gómez respondería que no.  Y que a partir de ese momento el que le hiciera la pregunta se le pondría al lado y seguiría caminando y hablando con el hasta llegar a un punto donde estarían los dos y el desconocido le daría un mensaje del coronel Caamaño que Peña Gómez debía transmitirme inmediatamente.
No se si se debe a que de niño leía novelitas de misterio y espionaje, pero es el caso que soy muy desconfiado en todo lo que se relacione con actividades de este tipo.  La cita en el metro de la plaza Marceau que me pareció una provocación, y eso que yo no sabia entonces, como lo vine a saber después.  Que el jefe de G-2 Cubano en Europa, (me parece que se llama Hugo Castro), el mismo hombre que arregló el viaje del coronel Caamaño a Cuba, estaba trabajando para la CIA desde antes de ese viaje del coronel Caamaño, de manera que el coronel Caamaño estuvo vendido a la CIA desde antes de pasar, siquiera, en ir a Cuba, porque tan pronto llegó a Londres el Héroe de abril entró en relaciones dl jefe del G-2 cubano, que residía en Paris, ciudad a la cual iba Caamaño con frecuencia.
Mi argumento para no autorizar la entrevista de Peña Gómez en Paris con el misterioso agente cubano fue el siguiente: “Hazle saber a Francis (el nombre que le dábamos a Caamaño en la intimidad) que Peña Gómez es negro, y sin embargo, si lo mando ahora al Congo, que es un país de negros, allí llamará la atención por la arrogancia de su figura, y con mucha más razón llamará la atención en Paris, que es una ciudad de gente blanca, y más todavía en la Place Marceau, que está en el corazón de Paris.  Si Peña Gómez va a esa cita, seguramente la CIA lo detectará, y al mismo tiempo se quemarán Peña Gómez y el PRD.  No; dile a Francis que no; que no autorizaré esa reunión”.
La persona con quien estaba hablando era de las que no abandonan su posición fácilmente y trató de persuadirme de que tratándose de revolucionarios probados, como eran los cubanos, Peña Gómez no corría ningún peligro de ser descubierto por la CIA pues seguramente los agentes del gobierno de Cuba en Paris habían tomado todas las precauciones para que eso no pudiera suceder.  Pero yo tampoco soy de los abandonan fácilmente su posición y  le expliqué que de quien hay que desconfiar es de los aliados, no de los enemigos, porque del enemigo no se fía uno nunca, o por lo menos no debe fiarse uno jamás.  El peligro está en confiar en un aliado, porque el aliado puede ser, sin uno saberlo, agente del enemigo.  Discutimos y al fin las cosas quedaron como yo decía: Peña Gómez no iría a Paris ni a ninguna parte y no tendría entrevistas con ningún miembro del G-2 cubano.  Para entrevistas futuras, que Francis mandara un dominicano, no un cubano, fue mi conclusión.
Yo me preparaba ya a decirle a Dios a la persona que había ido a verme en esa fría mañana de enero, pero de pronto ella dijo que había un segundo punto que tratar.
¿Cuál era?
Era que Francis quería que se le enviara a Argelia a un ayudante que había dejado en Londres y mi visitante me entregó un papel con todos los detalles de la forma en que había de hacerse la operación para embarcar al ayudante de Caamaño.  En primer lugar, yo debía llamar a un teléfono de Madrid para preguntar no recuerdo que, y esa llamada mía indicaría que el ayudante podía trasladarse de Londres a Madrid; ya en Madrid, el ayudante me llamaría con tal y cual nombre y yo haría entonces los arreglos para enviarle el pasaje a Argel, capital de Argelia, para que se le entregara el papel con las instrucciones de lo que debía hacer al llegar a Argel.  Recuerdo nítidamente que en esas instrucciones figuraba el nombre de un café donde el ayudante de Francis debía entrar y el de una bebida que debía pedir en voz alta; después de pedir esa bebida un hombre se le acercaría por el lado derecho y le haría la misma pregunta que se le hubiera hecho en el subterráneo en la Place Marceau a Peña Gómez en caso de que éste hubiera ido a la cita de Paris.
“No puedo encargarme de esas gestiones ni puedo ayudar al ayudante de Francis a viajar a Argelia porque el dinero que Francis me dejó se gastó hace dos meses.  Se le entregué completo a Montes Arache, Lachapelle y Jittin Cury para que pidieran viajar a Paris y Holanda”, le dije a mi visitante.
Mi visitante quiso darme a entender que quizás lo del dinero pudiera resolverse; que lo importante era que yo hiciera la llamada a Madrid y que dieran facilidades para que el ayudante de Caamaño pudiera viajar a Argelia.  Pero era natural que yo mantuviera en este caso la mista actitud que había mantenido en el caso de la posible entrevista de Peña Gómez con un desconocido en un lugar de Paris.  Cualquiera que fuera mi intervención, pequeña o grande, en el caso de Peña Gómez como en el del ayudante de Caamaño, si la CIA estaba al tanto de los movimientos de Caamaño, el PRD saldría perjudicado sin que ese perjuicio se justificara porque nosotros no estábamos en actividades conspirativas de tipo guerrillero o internacional.  Y el instinto me decía, como si supiera en que andaba el jefe del G-2 cubana en Europa, que por detrás de cualquier movimiento que se relacionara con Cuba debía hallarse necesariamente la CIA.  Así, pues, tampoco cedí en ese asunto, y la visita se fue pasado el medio día sin haber logrado lo que había ido a buscar a Benidorm.
Y he aquí que un buen dio, en el mes de marzo, probablemente a mediado del mes, la misma persona volvió a presentarse a mi casa de Benidorm y quiso hablar conmigo a solas.  Sus acompañantes salieron con Doña Carmen a la playa y a recorrer el poblado, mientras nosotros dos hablábamos.  Sus primeras palabras fueros estas: “Me voy a Cuba.  Voy haber a Francis y quiero saber que debo decirle de parte de usted”.
Esta declaración me vino como anillo al dedo porque era mucho lo que vi había pensado en Francisco Caamaño Deñó y en su destino.  El Héroe de abril había salido de la Revolución convertido en un Líder, y en términos de ajedrez el líder es el jugador no es una ficha de tablero; el es quien mueve las fichas para hacerle frente al adversario.  Ahora bien, al irse a Cuba Caamaño se iba convirtiendo por su propia voluntad de jugador en fija que otro jugador podía jugar cuando le conviniera.  Por otra parte, la situación mundial estaba cambiando a la carrera y se veía que la ola revolucionaria iba cediendo, por lo menos en la América Latina.  ¿Durante cuanto tiempo iba a tener que quedarse Caamaño en Cuba aislado de nosotros y del pueblo Dominicano?.  En aquellos días era difícil preverlo, pero ahora sabemos que iba a mantenerse en ese aislamiento más de cinco años, tiempo suficiente para que la imagen de cualquier líder se destiña a los ojos de su pueblo, sobre todo si no a sido un líder de actividad prolongada, como no lo fue Caamaño, que pasó por el cielo político nacional con la fuerza de un relámpago, pero también con la velocidad deslumbrante del relámpago.  Había llegado, con esa persona que iba a verlo en Cuba, la oportunidad de hacerle saber a Caamaño mis preocupaciones, y no iba a desperdiciarla. 
Así, pues, le hablé a mi visitante de esta manera: “Dile  Francis que preveo un entendimiento entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, una especie de acuerdo para llegar a un reparto de influencias en el mundo; explícale cuidadosamente esto que voy a decirte a continuación: que a mi juicio, si hay ese acuerdo entre los dos gigantes, la Unión Soviética le pedirá a los Yanquis que no se matan más con Cuba, que la dejen tranquila, que no le envíen más grupos de antisfidelistas a atacar la isla ni a matar a Fidel; que a cambio de eso, ellos, los Soviéticos, se comprometerán a obtener de Fidel que no manden más guerrillas a otros Países de la América Latina o que cese en su ayuda a las guerrillas que hay ahora en actividad”.
A continuación hice que mi visitante me repitiera esas palabras tal como la había entendido, aunque no fuera tal como yo las había dicho.  Mi interés era saber si había captado su sentido.  Las repitió y quedé satisfecho; y entonces volví hablar; y esto fue lo que le dije:
“Dile a Francis que se mantenga alerta y que si él advierte señales de ese entendimiento, que se salga de Cuba; que salga por Vietnam y declare al mundo que él estaba en Vietnam observando la manera de combatir de los vietnamitas, y que después de eso el y yo nos veremos donde el quiera”.
Hay terminó la entrevista.  La persona que me oyó hablar así esta viva y leerá este articulo; se lo enviare por si tiene que hacer alguna observación, agregar algo que se me haya quedado oculto en los recovecos de la memoria o enmendar cualquier error mío.  Pero estoy seguro de que mis palabras fueron en esencia las que están escritas.  Esa persona se despidió y no he vuelto a verla.  Tampoco volví haber a Francisco Alberto Caamaño, que moriría cinco años después fusilado en las Lomas de Ocoa.
Tal vez iba terminando el mes de mayo quizás estábamos ya en junio; pero es el caso que un domingo, mientras se hallaban en mi casa Peña Gómez y dos jóvenes dominicanas llegó una persona desconocida.  Era un cubano que me abrazó con mucha emoción y me entregó una carta, o mejor dicho dos cartas.  Una de ellas era de Caamaño; la otra de Raúl Roa.  Además de las cartas, el cubano me dio un recado: para dentro de tantos días (ahora no recuerdo si eran diez, doce, o quince) me estaría esperando en Roma un enviado personal de Caamaño.  Todavía se hallaba en casa el mensajero cubano cuando llegó otra visita de Madrid con otra carta de muy pocas líneas, que en resumen decía esto: “En estos días van a invitarlo a hacer un viaje fuera de España.  No lo haga porque estará vigilado desde que coja el avión”.  Por esa razón, quien iba a hacer el viaje a Roma iba hacer José Francisco Peña Gómez y no yo.  De ese viaje suyo a Roma a escrito Peña Gómez más de una vez, de manera que pasaré sobre el de prisa sin detalles.  En cuanto a la carta de Caamaño que me llevó el cubano, se la devolví con una respuesta muy corta y a mano del propio mensajero que me llevó la suya.  ¿Por qué se la devolví?.  Porque no quería que esa carta figurara en mi archivo, que en cualquiera salida mía de Benidorm podía ser registrado por agente secreto de cualquier país.  En esa carta Caamaño me decía que había recibido el recado que le había enviado en el mes de marzo, pero que yo no comprendía la grandeza del alma de alma de la revolución cubana y de sus lideres; que a esos líderes ningún poder de la tierra los haría desviarse de sus planes de ayudar a la revolución latinoamericana hasta el sacrificio total, de ser necesario, de la revolución cubana.
De esa carta deduje que Caamaño se había sumado con toda el alma a la tesis “foquista” y que no iba abandonarla, y de hay que al darle mis instrucciones a Peña Gómez para la entrevista de Roma le dijera que por ninguna razón comprometiera al partido en ayuda o apoyo a  una acción guerrillera, y que si le ofrecían dinero no aceptara, y reclamara solamente la suma gastada e el viaje de Benidorm a Roma ida y vuelta, pero ni un centavo más  Recuerdo vivamente que cuando me día cuenta de su misión Peña Gómez me preguntaba como sabia yo que le iban a ofrecer dinero y además decía sonriendo: “ Profesor, era mucho dinero el que querían darme; era un montón enorme de billetes americanos grandes”.       
      El cubano (Por cierto, persona muy gentil y evidentemente muy sincera) que me llevó la carta de Caamaño a Benidorm y su recado para que viajara a Roma me mandó un mensaje con un dominicano que vivía en Madrid para que nos viéramos donde yo quisiera, y como yo salía en esos días de viaje hacia Francia y Suiza, le mande a decir que podíamos verlos en Barcelona.  Cuando llegué a mi hotel en aquella Ciudad, hay estaba en cubano.  Me dijo que yo debería mandar un hombre a Cuba y le dije que podía hacerlo si me facilitaba el pasaje, pero el quiso darme dinero para comprar el pasaje y yo no podía aceptar semejante trato; de manera que cuando volvimos a vernos, en Benidorm, precisamente en presencia del Dr. Peña Gómez (pues en ese momento estaban reunido en mi casa, o mejor dicho frente a mi casa, los compañeros que habían ido a participar en la reunión de la cual salió la llamada Acta de Benidorm), yo le dije con toda franqueza que nosotros como partido no podíamos tener relaciones con el G-2 cubano ni con ningún G-2 del mundo; y hay terminaron mis relaciones y, en cierto sentido, mis relaciones con Cuba con Caamaño.
 Digo que en cierto sentido porque yo seguí haciendo esfuerzo por sacar a Caamaño de Cuba, pero él no respondió a esos esfuerzos; y uso la palabra respondió en términos materiales; esto es, no tuve de él en ningún caso ninguna respuesta.  Sus padres estuvieron en Benidorm y vinieron a verme, no recuerdo si en el mes de enero de 1969, preocupados, como es natural, por el destino de su hijo, y le expliqué que no temieran nada porque Francis no podría salir de Cuba con una guerrilla hacia Santo Domingo.  Ya para esa época había numerosos síntomas de que se había producido entre la Unión Soviética y los Estados Unidos el entendimiento a que me refería antes, y así se lo dije a Doña Nonín y a Don Fausto Caamaño.  Aproveché después un viaje de Narciso Isa Conde a Cuba para tratar de que Caamaño saliera de la Isla hermana y se fuera a Vietnam, donde podríamos vernos y tratar el caso dominicano; pero según me contó después Isa Conde en Paris, Caamaño no accedió a tener esa entrevista conmigo.  Yo veía en proceso de liquidación la etapa de fervor revolucionario que se había estado viviendo en toda la América a partir del éxito de la revolución cubana y quería que Caamaño volviera al país y se integrara a la lucha política dentro del Partido Revolucionario Dominicano, donde podía desarrollar con toda amplitud sus capacidades de líder; pero el se negó a aceptar la posibilidad, siquiera, de tratar ese tema conmigo.  Caamaño no se sintió nunca Perredeista y además, a pesar de que era el producto de una revolución urbana y de masas, se había hecho “foquista” y era “foquista” de corazón, y de hay no iba a sacarlo nadie como demostraron los hechos.
A fines de 1969, cuando retorné de mi viaje a Corea, China, Vietnam y Cambodia, fue a visitarme en mi casa de Paris un amigo de mis días cubano.  Ese amigo era el Embajador de Cuba en Paris y acababa de regresar de un viaje a la hermosa isla de Fidel Castro.  Era natural que al vernos al cabo de dos años sin haber cambiado una palabra habláramos de varias cosas, y así lo hicimos; pero de buenas a primera me dijo él: “Profesor, el comandante es su amigo; ustedes son amigos viejos.  ¿Por qué no le escribe diciéndole cualquier cosa, lo que usted quiera”.
¿Qué pensé yo al oír lo que decía el Embajador Cubano?.
Pensé en el acto en Francisco Alberto Caamaño; pensé en que se me estaba brindando una oportunidad para llegar hasta él y tratarle de alguna manera lo que quería decirle desde hacia tiempo; pero pensé también que Fidel Castro quería que fuera yo quien le diera pie para poder hablar del caso de Caamaño, y por tal razón yo debía hacer una prueba: esperar que el embajador insistiera en la petición.  Si insistía, no había duda de que Fidel Castro quería tratar conmigo el problema de la permanencia de Caamaño en Cuba.
Y el embajador insistió, no una sino dos veces, al cabo de las cuales le escribí a Fidel diciéndole generalidades sobre el PRD y sobre la situación general del PRD y los planes que teníamos para desarrollar como un partido bien organizado.  Como respuesta a esa carta me llegó una invitación transmitida verbalmente por el embajador, para que fuera a Cuba y la invitación salía directamente de Fidel Castro.
¿Qué tenia yo que hacer ante esa invitación?.
En primer lugar, tenia que pedirle autorización al partido para hacer el viaje a Cuba, y el segundo lugar tenia que estar segura de que ya en Cuba podría ver a Caamaño, y no solo verlo sino hablar con el tantas veces como fuera necesario para convencerlo de que se fuera a Santo Domingo a trabajar dentro del PRD .
¿Pero como podía asegurarme de todo eso con anticipación?.
De una sola manera: proponiéndole a Fidel que antes de salir hacia Cuba yo debía conocer la agenda de lo que iba a tratar con el y esa agenda debía haber un punto que era para mí de interés especial: ver a Caamaño y hablar con el y quedar en libertad decir que lo había visto en Cuba y de que cosas habíamos hablado.  Sin cumplirse esos requisitos no podría ir a Cuba porque desde Cuba saldría hacia Santo Domingo y era absolutamente imposible que llegara a mi país yendo de Cuba y que dijera que no había visto a Caamaño  que él no estaba en Cuba.  Nadie en Santo Domingo habría creído que abriendo ido a  Cuba no pude ver a Caamaño, porque ya hacia tiempo que en mi país se sabía que Caamaño se hallaba en Cuba.  En cambio, mi posición ante el pueblo dominicano habría sido muy diferente (y además, la única que sabia en un hombre como yo) si al llegar allí hubiera dicho: “Vi a Caamaño, lo invite a venir a trabajar en el PRD y se negó o aceptó y vendrá tal día. 
Desde luego, le propuse al embajador cubano, y a través de él a Fidel castro lo que acabo de decir y espere la respuesta de Fidel.  Esa respuesta llegó, pero y en el año de 1970 y no era la que yo esperaba; era así: que no me preocupara por la agenda de lo que íbamos a tratar Fidel y yo, que seria decidido tan pronto yo llegara a la Habana.
¿Qué podría hacer ante esta respuesta? ¿Aceptarla?.
De ninguna manera. Por nada del mundo podía ir a Cuba sin tener la seguridad absoluta, dada por el propio Fidel Castro de que podría ver a Caamaño, podría hablar con él y podría decirle al pueblo dominicano que lo vi y explicarle de que habíamos hablado.  Así pues, no acepte el mensaje del embajador (es decir, no lo acepte en mi fuero interno, aunque lo oí con la debida cortesía) y me dispuse a esperar la oportunidad propicia para salirme con mi empeño.
Me acuerdo con el compañero Peña Gómez, Secretario general y jefe del PRD dentro del país, era que yo volvería a Santo Domingo después de pasadas las elecciones de 1970, que iban a tener lugar el 16 de mayo; y por esa razón disponía de tiempo suficiente para esperar un cambio en la actitud de Fidel Castro.  En el mes de marzo el embajador cubano volvió a repetirme la invitación de viajar a Cuba y volví a repetirle mis condiciones sin lograr el resultado que buscaba.  Pero ya para fines de marzo yo veía con claridad que no iba a poder esperar hasta después de las elecciones sin retornar a Santo Domingo, y no quería salir de Europa sin dejar resuelto el problema que representaba para el porvenir político del país y del PRD el caso de Francisco Alberto Caamaño.  Por esa razón, a fines de marzo entré en conversación con un dirigente del partido comunista dominicano, que podía ir fácilmente a Cuba y ver a Caamaño y decirle en mi nombre todo lo que yo quería y no iba a poder decirle.
Ese dirigente del PCD salió para la habana en los últimos días de marzo o en los primeros de abril y llevaba una carta mía para Caamaño en la que le pedía que lo oyera como si se tratara de mi mismo, pues lo que el iba a decirle era lo que no podía decirle yo porque las circunstancias habían cambiado y ya yo no podría verlo en Cuba debido a que tenia que salir para el país lo antes posible.  El dirigente del PCD fue a la Habana y vio a Caamaño y habló con el.  Desgraciadamente no pudo hacerlo a tiempo, y el día que llegó a verme en Paris yo tenia ya dos o tres horas volando en dirección hacia Santo Domingo.  Todavía quedó en el aire una posibilidad, y fue la de que yo aceptara la invitación que me hizo el gobierno cubana para que visitara a Cuba para la celebración del 26 de julio de ese año de 1970; pero yo estaba ya en Santo Domingo, y en caso de haber viajado a Cuba quizás el Doctor Balaguer que pretendió no dejarme entrar en el mes de abril se habría aprovechado de la ocasión para mantenerme fuera del país.
Para mí estaba claro que si se me invitaba air a Cuba era porque se aceptaban las condiciones que yo había manifestado.  Ahora bien, ¿habría Caamaño aceptado salir de Cuba y venir al país a luchar dentro del PRD?.
Eso no podía saberlo yo y posiblemente no lo sabía nisiquiera Fidel Castro.  Los hechos ocurridos en febrero de 1973 indican que Caamaño no habría aceptado mi proposición porque creía en sus métodos de lucha, no en los míos, aunque estos fueran los que aconsejaban las circunstancias del país y de América, así como en el 1965 aconsejaron la guerra del pueblo.   

jueves, 2 de mayo de 2013

HACE CINCUENTA AÑOS: Kennedy, el lobby y la bomba

Hace exactamente 50 años se producía un episodio decisivo en la historia de la «democracia estadounidense», una lucha épica cuyo desenlace ha sido determinante para el futuro del mundo entero. Laurent Guyenot nos recuerda lo que estuvo en juego en aquel importante momento.
RED VOLTAIRE | 2 DE MAYO DE 2013 


Kennedy y el AIPAC

En mayo de 1963, le Comité de Relaciones Exteriores del Senado de Estados Unidos abría una investigación sobre las operaciones clandestinas de agentes extranjeros en territorio estadounidense, investigación cuyos principales objetivos eran el American Zionist Council y la Jewish Agency for Israel [1]. La investigación estaba motivada por un informe redactado en marzo de 1961 (y desclasificado en 2010) del presidente de esa comisión permanente, William Fulbright, que indicaba: «En los últimos años ha habido un creciente número de incidentes que implicaban intentos de gobiernos extranjeros, o de sus agentes, con vistas a influir en la política exterior americana [estadounidense] a través de métodos que se salen de los canales diplomáticos normales.» Al señalar que esos métodos incluían «actividades secretas en Estados Unidos y en otras partes», Fulbright apuntaba al «Caso Lavon» [2] de 1953, en el que varios judíos egipcios entrenados en Israel perpetraron contra objetivos británicos varios atentados con bombas que debían atribuirse a la Hermandad Musulmana para desacreditar a Nasser ante británicos y estadounidenses. La investigación del Senado sacó a la luz una actividad de blanqueo de dinero a través de la cual la Jewish Agency (indisociable del Estado de Israel, del que incluso fue precursora) hacía llegar decenas de millones de dólares al American Zionist Council, principal lobby israelí en Estados Unidos. Como resultado de aquella investigación, el Departamento de Justicia, bajo las órdenes del Attorney GeneralRobert Kennedy, exigió que –ya que estaba financiado por el Estado de Israel– el American Zionist Council se registrara como «agente extranjero» y quedara por lo tanto sometido a las obligaciones estipuladas en la Foreign Agents Registration Act de 1938, lo cual implicaba una estrecha vigilancia de sus actividades.

Aquel intento de contrarrestar la creciente interferencia de Israel en la política estadounidense estaba, por supuesto, respaldado por el presidente. Siendo aún no más que un joven periodista que cubría la conferencia inaugural de la ONU, John F. Kennedy ya había visto con desagrado la capacidad de Israel para la compra de políticos, incluyendo al propio presidente. En efecto, el 15 de mayo de 1948, al reconocer el Estado de Israel –sólo 10 minutos después de su proclamación oficial y en contra de la opinión unánime de su propio gobierno– el presidente Harry Truman no sólo se había ganado un lugar en la historia bíblica («El histórico acto de reconocimiento de Truman quedará grabado para siempre en letras de oro en los cuatro mil años de historia del pueblo judío» [3], proclamó entonces el embajador israelí) sino que también se echó en el bolsillo 2 millones de dólares para su campaña por la reelección. «Es por eso que nuestro reconocimiento de Israel fue tan rápido», confió Kennedy a su amigo el novelista y ensayista Gore Vidal [4]. En 1960, el propio John Kennedy recibió del lobby israelí una oferta de ayuda financiera para su campaña presidencial. Así resumió [Kennedy] a su amigo el periodista Charles Bartlett la proposición del mecenas Abraham Feinberg: «Sabemos que su campaña enfrenta dificultades. Estamos dispuestos a pagar sus cuentas si usted nos deja el control de su política en el Medio Oriente.» Bartlett recuerda que Kennedy se prometió a sí mismo que «si llegaba a convertirse en presidente haría algo por cambiar aquello» [5]. En 1962 y 1963, Kennedy presentó 7 proyectos de ley para reformar el financiamiento de las campañas electorales de los congresistas. Todos fueron exitosamente combatidos por los mismos grupos de presión contra los que estaban dirigidas.

Todos los esfuerzos gubernamentales por limitar la corrupción que los agentes de Israel estaban imponiendo en la democracia estadounidense se vieron frenados de golpe por el asesinato de Kennedy y por la llegada de Nicholas Katzenbach al Departamento de Justicia, en sustitución del hermano de Kennedy. El American Zionist Council escapó a la inscripción como agente extranjero disolviéndose y cambiando su nombre por el de American Israel Public Affairs Committee (AIPAC). Diez años más tarde, el 15 de abril de 1973, Fullbright señalaba en la CBS: «Israel controla el Senado americano. […] La gran mayoría del Senado americano –alrededor del 80%– apoya por completo a Israel. Israel obtiene todo lo que quiere» [6]. El AIPAC mantuvo las mismas prácticas que su antecesor, escapando incluso a todo tipo de sanción cuando sus miembros fueron sorprendidos en flagrante delito de espionaje y alta traición: en 2005, dos responsables del AIPAC fueron absueltos después de haber recibido de Larry Franklin, miembro de la Oficina de Planes Especiales del Pentágono, una serie de documentos clasificados como secreto militar, documentos que ellos transmitieron a un alto funcionario de Israel. En 2007, John Mearsheimer y Stephen Walt demostraban en su libro El lobby israelí y la política exterior estadounidense que el AIPAC y los grupos proisraelíes de cabildeo de menor importancia eran la causa principal de la guerra contra Irak y, más ampliamente, que eran también el factor determinante de la política exterior estadounidense en el Medio Oriente. Como nada ha cambiado desde entonces, no hay razón alguna para que el gobierno de Benjamin Netanyahu no logre obtener él también de Estados Unidos la destrucción de Irán, la cual no deja de exigir.


«Nosotros, el pueblo judío, controlamos Estados Unidos y los estadounidenses lo saben» [7], dijo el primer ministro Ariel Sharon a su ministro de Relaciones Exteriores Shimon Peres el 3 de octubre de 2001, según la radio israelí Kol Israel. Su sucesor, Benjamin Netanyahu, lo demostró el 24 de mayo de 2011 ante el Congreso estadounidense, donde fue ovacionado 29 veces por un auditorio que incluso se puso de pie para aclamar específicamente cada una de las siguientes frases: «En Judea y en Samaria, los judíos no son ocupantes extranjeros»; «Ninguna distorsión de la historia puede negar el vínculo de 4 000 años entre el pueblo judío y la tierra judía»; «Israel no volverá a las fronteras indefendibles de 1967»; «Jerusalén no debe ser dividida nunca más. Jerusalén debe seguir siendo la capital unida de Israel.» [8]
Kennedy, la bomba y Dimona

Si Kennedy no hubiese sido asesinado, la influencia de Israel seguramente se hubiese visto limitada en otro sector más, el del armamento nuclear. Desde el inicio de los años 1950, David Ben Gurión, quien ejercía simultáneamente las funciones de primer ministro y de ministro de Defensa, había emprendido la fabricación secreta de bombas atómicas, desviando así de su objetivo el programa de cooperación pacífica Atom for Peace que Eisenhower había iniciado ingenuamente. Informado por la CIA, inmediatamente después de su llegada a la Casa Blanca, sobre el verdadero objetivo del complejo de Dimona, Kennedy hará todo lo posible por obligar Israel a renunciar [a sus intenciones en ese sentido]. Exigió a Ben Gurión la realización de inspecciones periódicas en Dimona. Primero lo hizo de viva voz, en Nueva York en 1961, y posteriormente a través de cartas oficiales cada vez más insistentes. En la última de esas cartas, fechada el 15 de junio de 1963, Kennedy exigía una primera inspección inmediata a la que seguirían inspecciones regulares cada 6 meses, a falta de lo cual «el compromiso y el respaldo de nuestro gobierno a Israel pudieran verse en serio peligro» [9]. El efecto de aquel mensaje fue sorprendente: Ben Gurión dimitió el 16 de junio, evitando así la recepción de aquella carta. Cuando el nuevo primer ministro Levi Eshkol entró en funciones, Kennedy le envió de inmediato una carta idéntica, fechada el 5 de julio de 1963.

Lo que quería Kennedy no era evitar que Israel alcanzara un poder que Estados Unidos reservaba para sí mismo y para sus aliados de la OTAN. Su objetivo formaba parte de un proyecto mucho más ambicioso, que ya había anunciado el 25 septiembre de 1961 –o sea 9 meses después de su investidura– ante la Asamblea General de la ONU: «Hoy cada habitante de este planeta debe imaginar el día en que este planeta haya dejado quizás de ser habitable. Cada hombre, mujer o niño está viviendo bajo una espada de Damocles nuclear pendiente de frágiles hilos que pueden ser cortados en cualquier momento por accidente o por error, o por locura. Hay que liquidar esas armas de guerra antes de que ellas nos liquiden […] Tenemos por lo tanto intenciones de lanzar un desafío a la Unión Soviética, no para una carrera armamentista sino para una carrera por la paz –para avanzar juntos, paso a paso, etapa por etapa, hasta alcanzar el desarme general y completo» [10]. Nikita Jruschov captó el mensaje y respondió favorablemente en una carta confidencial de 26 páginas, fechada el 29 de septiembre de 1961 y transmitida a través de un canal secreto. Después de la crisis de octubre de 1962 causada por los misiles instalados en Cuba, la guerra nuclear que habían logrado evitar a duras penas gracias a su propia sangre fría aproximó aún más a los dos jefes de Estado en cuanto a la convicción de que compartían la responsabilidad de liberar la humanidad de la amenaza atómica. Jruschov envió entonces a Kennedy una segunda carta privada en la que expresaba su esperanza de que, en 8 años de presidencia de Kennedy, «podamos crear buenas condiciones para una coexistencia pacífica en la Tierra, lo cual apreciarían altamente los pueblos de nuestros países así como los demás pueblos» [11]. A pesar de otras crisis, Kennedy y Jruschov prosiguieron aquella correspondencia secreta, hoy desclasificada, que comprende en total 21 cartas dedicadas en gran parte al proyecto de abolir el arma atómica.

En 1963, las negociaciones desembocaron en el primer tratado de limitación de los ensayos nucleares, que prohibía los ensayos nucleares en la atmósfera y bajo el agua, tratado firmado el 5 de agosto de 1963 por la Unión Soviética, Estados Unidos y el Reino Unido. Seis semanas más tarde, el 20 de septiembre de 1963, Kennedy expresaba ante la ONU su orgullo y esperanza: «Hace 2 años declaré ante esta asamblea que Estados Unidos había propuesto y estaba dispuesto a firmar un tratado limitado de prohibición de los ensayos. Hoy ese tratado está firmado. No acabará con la guerra. No eliminará los conflictos fundamentales. No garantizará la libertad a todos. Pero puede ser una palanca. Y se dice que Arquímedes, al explicar el principio de la palanca, dijo a sus amigos: “Denme un punto de apoyo y moveré el mundo.” Queridos cohabitantes de este planeta, podemos mover el mundo hacia una paz justa y duradera» [12].

En su última carta a Kennedy, entregada al embajador de Estados Unidos Roy Kohler pero que nunca llegó a su destinatario, Jruschov se mostraba igualmente orgulloso de aquel primer tratado histórico, que «ha inyectado una mentalidad fresca en la atmósfera internacional». Y presentaba otras proposiciones, retomando las palabras de Kennedy: «Su implementación abriría el camino hacia el desarme general y completo y, por consiguiente, hacia la liberación de los pueblos de la amenaza de la guerra.» [13]


Para Kennedy, el arma nuclear era la negación de todos los esfuerzos históricos tendientes a civilizar la guerra evitando las víctimas civiles. «No dejo de pensar en los niños, no sólo en los míos o los tuyos, sino en los niños de todo el mundo», decía a su amigo y asistente Kenneth O’Donnell durante su campaña a favor del Test Ban Treaty. Y lo repitió en su alocución televisiva del 26 de julio de 1963: «Ese tratado es para todos nosotros, especialmente para nuestros hijos y nuestros nietos, que no tienen ningún grupo de cabildeo aquí en Washington.» [14]

En los años 1960, el desarme nuclear era un objetivo realista. Sólo 4 países disponían del arma nuclear. Había una posibilidad histórica que aprovechar y Kennedy estaba decidido a no desperdiciarla. «Me obsesiona la impresión de que si no lo logramos, en 1970 habrá quizás 10 potencias nucleares en vez de 4, y 15 o 20 en 1975» [15], dijo en su conferencia de prensa del 21 de marzo de 1963. Mientras que, siguiendo las huellas de Estados Unidos y la URSS, todos los países de la OTAN y del bloque del este daban un primer paso hacia el desarme nuclear, Israel hacía en secreto lo contrario y Kennedy estaba decidido a impedirlo.

La muerte de Kennedy, meses más tarde, alivió la presión sobre Israel. Johnson decidió ignorar lo que sucedía en el complejo de Dimona. John McCone, el director de la CIA nombrado por Kennedy, dimitió en 1965 quejándose del desinterés de Johnson sobre aquel tema. Israel obtuvo su primera bomba [atómica] hacia 1967, sin admitirlo nunca. Nixon tampoco se preocupó del asunto, mientras que su consejero de seguridad nacional Henry Kissinger expresaba en privado su satisfacción ante la idea de tener en Israel una potencia nuclear aliada. Nixon, de quien se puede decir que el Estado profundo entró con él a la Casa Blanca, jugó un doble juego. Mientras respaldaba públicamente el Tratado de No Proliferación de 1968 (que no era una iniciativa estadounidense), Nixon envió a su propia burocracia un mensaje totalmente opuesto a través de un National Security Decision Memorandum de carácter secreto (NSDM-6) que decía:


«No debe haber ningún esfuerzo de Estados Unidos por forzar a otros países […] a aplicar [el tratado]. Este gobierno, en su postura pública, debe reflejar un tono optimista en cuanto a que otros países firmen o ratifiquen [el tratado], apartándose al mismo tiempo de todo plan de hacer presión sobre esos países para que firmen o ratifiquen.» [16]

Según las cifras del SIPRI (Stockholm International Peace Research Institute) correspondientes al años 2011, existen hoy en todo el mundo 20 000 bombas nucleares que tienen como promedio una potencia 30 veces superior a la bomba atómica de Hiroshima, lo cual equivale en total a 600 000 veces lo sucedido en Hiroshima. De esas bombas, 1 800 se hallan en estado de alerta, o sea listas para ser utilizadas en cuestión de minutos. Con menos de 8 millones de habitantes, Israel es la 6ª potencia nuclear a nivel mundial.


«Si dejásemos actuar al Presidente habría una guerra nuclear cada semana» [17], decía Kissinger. Ya en los años 1950, Nixon había recomendado a Eisenhower el uso de la bomba atómica en Indochina y en Corea.


Hubo que esperar hasta 1986 y a que el Sunday Times publicara varias fotos tomadas en Dimona por el técnico israelí Mordechai Vanunu para que el mundo se enterara de que Israel se había dotado secretamente de la bomba atómica. Después de ser secuestrado por los servicios secretos israelíes, Vanunu fue condenado [en Israel] por «divulgación de secretos de Estado» y pasó en la cárcel 18 años, 11 de ellos en aislamiento total. Desde su liberación, en 2004, Vanunu tiene prohibido salir de Israel y comunicarse con extranjeros.
Johnson y el USS Liberty

Kennedy no es recordado en Tel Aviv como un amigo de Israel. Además de sus ataques contra el descarado cabildeo de Israel y contra las ambiciones israelíes de poderío nuclear, Kennedy se había comprometido a favor del derecho al regreso de los 800 000 palestinos expulsados de sus casas y de sus poblados en 1947 y 1948. El 20 de noviembre de 1963, su delegación ante la ONU llamaba a la implementación de la Resolución 194 en ese sentido. Kennedy no tuvo tiempo de leer en los diarios las reacciones escandalizadas de Israel, ya que fue asesinado 2 días después.

La llegada de Johnson a la Casa Blanca fue saludada con alivio en Israel: «No cabe duda de que con la llegada de Lyndon Johnson al poder tendremos más oportunidad de acercarnos directamente al Presidente si nos parece que la política estadounidense es contraria a nuestros intereses vitales» [18], estimaba el diario israelí Yediot Ahronot. Lejos de recordar a Israel su propia limpieza étnica, Johnson abrazó plenamente el mito de la «tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra» llegando incluso un día a comparar, ante un auditorio judío, a los «pioneros judíos que construyen una casa en el desierto» [19] con sus propios ancestros en la colonización del Nuevo Mundo –lo que, en el fondo, subraya involuntariamente la equivalencia entre la negación de la limpieza étnica aplicada en Palestina por los israelíes y la negación por los estadounidenses de su propia historia de genocidio.

Kennedy había reducido la ayuda a Israel, pero Johnson la aumentó de 40 millones a 71, e incluso a 130 millones al año siguiente. La administración Kennedy había autorizado únicamente la venta a Israel de unas cuantas baterías de misiles defensivos pero bajo la administración Johnson más del 70% de la ayuda a Israel se utilizó para financiar la compra de armamento, como 250 tanques y 48 aviones de ataque Skyhawk. En 1966, la ayuda material a Israel alcanzó los 92 millones de dólares, más que la suma de todos los años anteriores. Mientras tanto, Johnson privó de ayuda estadounidense a Egipto y Argelia obligando así a esos dos países a volverse hacia la URSS para mantener el nivel de sus defensas. En junio de 1967, Johnson dio a Israel una «luz amarilla» para su guerra supuestamente «defensiva» contra Egipto, a través de una carta fechada el 3 de junio en la que aseguraba al primer ministro israelí Levi Eshkol que quería «proteger la integridad territorial de Israel y […] proporcionar un respaldo americano tan eficaz como fuese posible para preservar la paz y la libertad de su nación y de la región». [20]

La muerte de Kennedy instauró un profundo duelo en el mundo árabe, donde el retrato de JFK ornaba numerosos hogares. «Ahora es De Gaulle el único jefe de Estado occidental con cuya amistad pueden contar los árabes», diría Gamal Abdel Nasser. Mientras reducía la ayuda a Israel, Kennedy había abastecido generosamente de trigo a Egipto en el marco del programa Food for Peace. La breve presidencia de Kennedy fue para Egipto un feliz paréntesis y también un sueño que rápidamente disipado. Bajo Eisenhower, en 1954, Egipto había sido blanco de actos de terrorismo del tipo false flag (bandera falsa), perpetrados por Israel para «acabar con la confianza de Occidente en el régimen egipcio existente [e] impedir la ayuda económica y militar de Occidente a Egipto» [21], según los términos utilizados por el jefe de la Inteligencia Militar (Aman) Benjamin Givli en un telegrama secreto actualmente desclasificado. El complot se descubrió a causa de la detonación accidental de uno de los artefactos, lo que desencadenó el escándalo del «Caso Lavon» (apellido del ministro de Defensa Pinhas Lavon, quien fue considerado responsable), escándalo rápidamente acallado en Israel y en Estados Unidos. El primer ministro [israelí] Moshe Sharett, partidario de un sionismo moderado y respetuoso de las reglas internacionales, señaló en aquella época –aunque en privado– el irresistible ascenso de los extremistas, entre los que él incluía al futuro presidente Shimon Peres, precisando que «quiere aterrorizar a Occidente para llevarlo a respaldar los objetivos de Israel» y que «eleva el terrorismo a la categoría de principio sagrado». [22]

La muerte de Kennedy dio nuevamente rienda suelta al terrorismo maquiavélico que se ha convertido en la especialidad de Israel. Dos días antes del final de la Guerra de los Seis Días, el ejército israelí lanzó contra el USS Liberty la más célebre y calamitosa de sus agresiones false flag. En el soleado día del 8 de junio de 1967, 3 bombarderos Mirage sin distintivos y 3 lanchas torpederas con bandera israelí bombardearon, ametrallaron y torpedearon durante 75 minutos aquel barco no armado de la NSA (National Security Agency), que se hallaba en aguas internacionales y que era perfectamente identificable, con la evidente intención de que no quedara ningún sobreviviente, ya que llegaron incluso a ametrallar los botes salvavidas. Sólo cesaron el ataque al acercarse un navío soviético, cuando ya habían matado a 34 miembros de la tripulación, en su mayoría ingenieros, técnicos y traductores. Se piensa que, si hubiesen logrado hundir el barco sin testigos, los israelíes habrían atribuido el crimen a Egipto, para arrastrar así a Estados Unidos a la guerra del lado de Israel. Según Peter Hounam, autor de Operation Cyanide: Why the Bombing of the USS Liberty Nearly Caused World War III (libro publicado en 2003), el ataque contra el USS Liberty contó con la autorización previa y secreta de la Casa Blanca, en el marco del proyecto Frontlet 615, «un arreglo político secreto concluido en 1966 en el cual Israel y Estados Unidos se comprometían a destruir a Nasser». Las órdenes emitidas aquel día por la Casa Blanca, que retrasaron el auxilio durante varios horas, sugieren que Johnson no sólo cubrió a los israelíes después de los hechos, sino que incluso se había puesto de acuerdo con ellos de antemano. Oliver Kirby, vicedirector de Operaciones de la NSA en aquella época, dijo –el 2 de octubre de 2007– al periodista John Crewdson del Chicago Tribune que las transcripciones de las comunicaciones de los aviones israelíes interceptadas por la NSA e inmediatamente transmitidas a Washington no dejaban lugar a dudas sobre la identidad de los atacantes ni sobre el hecho que estos últimos habían identificado su blanco como estadounidense antes de atacarlo: «Yo estoy dispuesto a jurar sobre un montón de biblias que nosotros sabíamos que ellos sabían [que el barco era estadounidense]» [23]. Ya desenmascarado, Israel habló de un error y presentó excusas, con las cuales se contentó Johnson pretextando que «I will not embarrass our ally». En enero de 1968, cuando Johnson recibió en Washington al primer ministro israelí Levi Eshkol y lo invitó después a rancho de Texas, las relaciones fueron calurosas. Israel sacó de ello una enseñanza de impunidad cuya influencia sobre su comportamiento no debemos subestimar: el precio a pagar por el fracaso de una operaciónfalse flag contra Estados Unidos es cero. De hecho, es imposible que fracasar ya que los propios estadounidenses se encargarán de encubrir el crimen de Israel: Tel Aviv recibe de inmediato armas y aviones estadounidenses, convirtiendo rápidamente a Israel en el cliente número 1 de la industria militar estadounidense.

por Laurent Guyénot


      

miércoles, 1 de mayo de 2013

“Aunque invisibilizada, la mujer campesina es un agente económico de primer orden”

La activista de la Marcha Mundial de las Mujeres, Míriam Nobre, afirma que con la actual crisis se refuerza la “ideología de la maternidad”



Hay en el mundo más de 1.600 millones de mujeres rurales, la mayoría agricultoras. Según la FAO, organismo de las Naciones Unidas para la agricultura y la alimentación, las mujeres producen entre el 60 y el 80% de los alimentos en los países del sur, y la mitad de todo el mundo, pero no poseen siquiera el 2% de la tierra. Trabajan en el campo, producen los alimentos y los distribuyen, muchas veces sin remuneración, lo que se añade a las tareas domésticas de las que también se ocupan.

La activista brasileña y coordinadora del Secretariado Internacional de la Marcha Mundial de las Mujeres, Miriam Nobre, ha tomado estas cifras como punto de partida para reivindicar la soberanía alimentaria desde una perspectiva feminista, en un acto organizado en Valencia por la ONG Sodepau.

La Marcha Mundial de las Mujeres es un movimiento mundial que reúne a organizaciones y grupos que trabajan en la eliminación de las causas de la pobreza y la violencia que sufren las mujeres. Desde el año 2000 se movilizan, en acciones internacionales, nacionales y regionales, para pedir justicia económica, un cambio político y social, y que se garanticen los derechos reproductivos de las mujeres, incluida la despenalización del aborto.

Uno de los ejes del trabajo de la Marcha es la soberanía alimentaria, punto que afecta de lleno a la vida de muchas mujeres. Por ejemplo, reivindican la labor de las mujeres agricultoras, que se reconozca su trabajo, pues en muchas ocasiones son invisibilizadas (lo mismo que ocurre con las trabajadoras domésticas). Sin embargo, matiza Miriam Nobre, este reconocimiento “no pretende en ningún caso limitarlas a su condición de campesinas”.

Las mujeres agricultoras gestionan huertos familiares que muchas veces garantizan la supervivencia de la economía doméstica. Esta labor, a menudo invisibilizada, implica otras tareas no menos decisivas, por ejemplo, la selección de semillas según los gustos y tradiciones de la comunidad. O el intercambio de éstas con los vecinos, con lo que se contribuye a preservar la biodiversidad. Estas prácticas se oponen radicalmente a las de la agroindustria, que, bajo la coartada de una sedicente modernidad, comercializa plaguicidas y semillas transgénicas.

Pero la reivindicación del aporte de la mujer rural no se para en la producción. En la defensa de la soberanía alimentaria la Marcha Mundial de las Mujeres va un punto más allá. “Han de tener acceso a recursos y dinero; poder invertir en la producción y diversificarla”, explica Nobre. Sin embargo, todavía hay que sortear grandes dificultades. De entrada, el acceso al crédito de las mujeres, a escala global, es mínimo. Además, “a veces se presentan como intereses familiares en la unidad de producción agrícola los del esposo, aunque la mujer manifieste otros diferentes”.

En el trabajo rural de la población femenina existe mucho saber acumulado. Y muy poco reconocido. La activista brasileña recuerda el caso de una ONG que impartía cursos para mejorar la producción de café, pero sin resultados. El caso es que los talleres se impartían a hombres, cuando eran las mujeres de la comunidad quienes se dedicaban al secado y elaboración de este producto. Además, la agroecología plantea (en oposición al agronegocio) una producción de alimentos armónica con el medio natural. Pero esta obtención de alimentos respetuosa, explica Míriam Nobre, “no debería darse por un incremento en el tiempo de trabajo de las mujeres”. Éste es otro de los retos a los que se enfrenta la soberanía alimentaria.

La defensa de estos principios incluye, a juicio de Míriam Nobre, la denuncia de determinados procesos de alienación, no siempre fáciles de percibir. Por ejemplo, la alienación del propio cuerpo: “Cuando se le otorga a los médicos el poder para qué digan qué alimentos son funcionales para nuestro organismo; los discursos en relación con el colesterol y las pastillas milagrosas”, explica la activista. “Hemos de rechazar la medicalización de nuestras vidas”. En sentido contrario, el principio de la soberanía alimentaria implica “escuchar” las necesidades de nuestro cuerpo, recuperar los alimentos de temporada y los productos naturales, locales y obtenidos directamente del campo.

Hay toda una ideología de rechazo a lo humano y natural. Que exhibe una consideración maquinal de la personas. Que pretende seres humanos con perfiles de autómata, enajenados de sus emociones y que vivan de espaldas a sus sentimientos. Afirma Míriam Nobre que se niegan “las fases de la vida y sentimientos como la tristeza; ¿por qué? No resultan funcionales al sistema; la anorexia, la bulimia…No son enfermedades individuales sino síntomas de una sociedad enferma, además, con una marca de género muy clara”. Precisamente por ello, subraya la activista, uno de los grandes desafíos de los movimientos sociales es plantear la batalla a la “bioindustria”. En toda su extensión. Enfrentarse a las transnacionales que producen desde agrotóxicos hasta fármacos. “Es como un pulpo con numerosas ramificaciones”.

Otro eje en el que opera la Marcha Mundial de las Mujeres es el trabajo doméstico. Es bien conocido que de las tareas del hogar, el cuidado de otros miembros de la familia (incluidas las personas dependientes) y la preparación de los alimentos se encargan básicamente las mujeres. En época de crisis, resalta Míriam Nobre, se refuerza esta tendencia. Forzadas por el desempleo, “Todavía hacen más cosas en el hogar y emplean más tiempo en las tareas domésticas”. ¿Cómo se legitima esta multiplicación de la actividad femenina? Según la coordinadora de la Marcha, “no es casual el resurgimiento, en este contexto de crisis económica, de la ideología de la maternidad. Según estos principios, el trabajo en casa se convierte en una supuesta manifestación del amor que la mujer profesa a la familia; se considera, incluso, que es la expresión de su identidad”.

La economía feminista explica el nexo que vincula el trabajo productivo y el reproductivo. El mercado y el estado transfieren las cargas a las mujeres para que el proceso de producción capitalista continúe su desarrollo. Con ejemplos recurrentes y sencillos puede entenderse la idea. Una empresa decide reducir sus costes y que ya no se encargará de la limpieza de la ropa de los trabajadores. Presumiblemente, esta tarea terminarán por realizarla las mujeres en casa. Si es el estado el que recorta gastos, en la sanidad pública o en guarderías, también serán las mujeres quienes seguramente aumentarán el tiempo que dedican a los cuidados familiares.

“El cuidado y la reproducción son esenciales para la humanidad y los llevan a cabo las mujeres; hace falta un reconocimiento expreso; ahora bien, queremos compartir con los hombres estas tareas, que, además, no pueden constituir nuestra primera identidad. Entre otras razones, porque esto les viene muy bien a los estados (como ocurre con el voluntariado) para ahorrarse inversiones necesarias”, explica la coordinadora de la Marcha.

El principio de soberanía alimentaria pretende superar estas dicotomías. Entre otras. En Europa se entiende como parte del pasado el confinamiento de la mujer a los roles de madre y ama de casa. Pero las mujeres de América Latina han otorgado a estas funciones, a veces, un sentido político. Recuerda la coordinadora del Secretariado Internacional de la Marcha Mundial de Mujeres “la lucha de las compañeras peruanas, cuando no podían comprar la leche al vecino porque se importaba de Europa la leche en polvo”. En Argentina, durante los cortes de ruta, las mujeres se encargaban de la preparación de la comida y a este menester le concedían relevancia política. Realizaban un trabajo esencial en las protestas. “No queremos desempeñar los roles de siempre, la casa y la cocina; pero también hemos de luchar por su reconocimiento y, más aún, cuando las mujeres los introducen en la batalla política”, resume Nobre. “Son muchas contradicciones que deberemos resolver en la práctica”, concluye la activista.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Transformación campesina, género y soberanía alimentaria


Soberanía Alimentaria, Biodiversidad y Culturas




Soberanía Alimentaria, Biodiversidad y Culturas

Los excedentes del campo han sido tradicionalmente transformados para aprovechar el exceso de producción y disponer de ese alimento la temporada en que no se produce. Históricamente ésta transformación ha sido realizada por mujeres, ya que la alimentación familiar ha estado culturalmente en sus manos y por este motivo, son ellas las que han desarrollado los conocimientos tradicionales implicados en su realización. Además, la transformación de alimentos a pequeña escala en la granja o la finca permite a las mujeres compatibilizar dicha tarea con las de cuidados familiares, de las que son también responsables principales. En este contexto, donde muchas de las campesinas son empleadas sólo de forma temporal o a tiempo parcial o no cotizan a la seguridad social y que, consecuentemente, no disponen de una independencia económica, la transformación de alimentos deviene un aporte de ingresos extra necesarios para las mujeres del mundo rural en un entorno fuertemente masculinizado donde las tareas más relacionadas directamente con la agricultura les están vetadas o están fuertemente precarizadas. De hecho, las mujeres del medio rural tienen salarios inferiores a los hombres (un 34% por debajo de la media) pese a aportar la principal parte de la economía familiar y que la tasa de paro femenino en los municipios rurales supere en 20 puntos la media española.
Así pues, la transformación de los alimentos en la propia finca a pequeña escala es una de las estrategias más utilizadas por una gran parte de las mujeres campesinas para desarrollar proyectos de vida autónomos o complementar las rentas agrarias.
En el informe “Soberanía Alimentaria, transformación artesanal y equidad de género” publicado recientemente por Mundubat, se profundiza sobre la situación de la mujeres en el entorno rural y la transformación campesina de alimentos. Dicho informe aborda y visibiliza las propuestas y problemáticas a las que se enfrentan las mujeres del mundo rural que realizan transformación campesina desde una perspectiva feminista y en base a la Soberanía Alimentaria. Con la voluntad de tener testimonio directo de la situación, la investigación se basa en las entrevistas realizadas a 16 mujeres campesinas que se dedican a la transformación de alimentos, así como a personal de administración y personas técnicas de los principales sindicatos agrarios, además del análisis crítico de la normativa relacionada con la transformación de alimentos.
Algunas de las mujeres entrevistadas mostraban su rechazo al término artesanal por la perversión del concepto que existe en la actualidad, y preferían hablar de transformación campesina para así recalcar su vinculación con la finca y las actividades agrarias.
Los resultados presentados en el informe ponen de manifiesto que hay una falta de diferenciación entre pequeña y mediana-gran producción, lo cual hace que no haya una regulación sanitaria específica para la transformación de alimentos a pequeña escala, cosa que no pasa en otros países europeos como Francia, que dispone de una legislación adaptada a la transformación campesina. En el Estado español, la regulación técnica y sanitaria de la transformación de alimentos está enfocada a la realidad de las industrias agroalimentarias, hecho que conlleva multitud de trabas legales, económicas y sociales para las mujeres campesinas. En la investigación realizada, las mujeres entrevistadas exponían que los requisitos y trámites exigidos para transformar alimentos son diferentes según la comunidad autónoma y la persona técnica encargada de realizar la inspección sanitaria, y que la normativa sanitaria entra en conflicto con diversos métodos y conocimientos tradicionales.Tales normativas suponen una herramienta de expulsión de campesinos y campesinas en todo el mundo y las experiencias relatadas por las mujeres entrevistadas apoyan la hipótesis de que la legislación actual trata de legitimar y perpetuar el actual modelo industrializado de alimentos.
No obstante, ante esta situación, las mujeres campesinas desarrollan estrategias para superar estas dificultades y poder continuar transformando alimentos a pequeña escala como por ejemplo, generando redes de apoyo mutuo entre los y las campesinas o creando infraestructuras comunitarias para reducir costes.
Otro de los aspectos a destacar de la investigación es la importancia del papel de los sindicatos agrarios para fomentar la transformación alimentaria campesina y cambiar la actual normativa, excesivamente compleja y estricta. Según los resultados, una de las posibles causas que explicarían las diferencias en el peso que tiene la transformación campesina dentro de cada sindicato es la relevancia que tienen los aspectos de género en el seno de cada organización. En opinión de las mujeres entrevistadas, es imprescindible la inclusión de las mujeres en los sindicatos para favorecer los proyectos de transformación de alimentos a pequeña escala.
Así pues, es necesario visibilizar y valorizar el sector de la transformación campesina. Un sector que se conforma en general, ajeno al modelo establecido, con producciones más diversificadas, a pequeña escala y orientadas a la venta directa y a mercados locales porque el objetivo es hacer alimentos de calidad con criterios que incluyen la cercanía, la sostenibilidad, la creatividad y la creación de redes de apoyo; un modelo más humano y menos productivista donde las mujeres tienen un papel imprescindible en la lucha por la Soberanía Alimentaria.

Evasión fiscal y hambre, dos realidades no tan lejanas




eldiario.es

En un mundo cada vez más desigual, uno de cada 8 habitantes del planeta se acuesta con hambre. 868 millones de personas, según la FAO. Y tenemos razones para temer que este número aumente como consecuencia del impacto del cambio climático, los insostenibles patrones de consumo, y por supuesto, la especulación en los mercados de materias primas. Cambiar esta tendencia no es fácil, pero la próxima Cumbre del G8, que se celebrará en junio en Fermanagh, Irlanda del Norte, podría marcar un punto de inflexión.
En las reuniones previas a la Cumbre se han sucedido las menciones a la urgencia de luchar contra la evasión fiscal, incluyendo la necesidad de apoyar a los países menos desarrollados a recaudar los impuestos que les corresponden. ¿Irá esta vez en serio el G8? Tal vez su interés tenga algo que ver con las noticias sobre grandes multinacionales que sospechosamente dicen no haber obtenido apenas beneficios en distintos países europeos, y que por lo tanto apenas han pagado impuestos en los mismos, causando el lógico enfado de una ciudadanía que sufre cada día los efectos de la crisis económica.
En todo caso, es incuestionable que la evasión y la elusión fiscal lastran el desarrollo no sólo de los países empobrecidos, sino también de los países que durante tanto tiempo nos hemos considerado avanzados. ¿Las consecuencias? Podemos observarlas día a día, en nuestros hospitales, en los colegios en los que estudian nuestros hijos, en las largas filas ante las oficinas del INEM.
Pero para nuestros vecinos de ese Sur teórico que cada vez está más al Norte, el impacto de esta lacra es mucho más dramático: a menudo, se mide en hambre. De acuerdo con la OCDE, los países empobrecidos, especialmente aquellos ricos en materias primas, pierden cada año por culpa del fraude y los paraísos fiscales el triple de la cantidad que reciben en concepto de ayuda al desarrollo. La ONGD en la que trabajo, InspirAction, calcula que los países en vías de desarrollo podrían perder hasta 160.000 millones de dólares cada año por culpa de prácticas como el denominado abuso de precios de transferencia.
Pero cuando en las grandes Cumbres se habla de poner fin al hambre, rara vez se mencionan estas cifras. Eso sí, se cuestiona la ayuda al desarrollo, o se discute la mala gestión de los gobernantes de estos países. Y se convierte un debate en el que se debería hablar de justicia, en un discurso en el que se habla de caridad.
Las multinacionales que operan en los países en desarrollo deben pagar a los gobiernos los impuestos que les corresponden. No porque sean buenas, o porque de verdad se crean eso de la Responsabilidad Social Corporativa. Y sobre todo, no sólo por el riesgo reputacional que supone no hacerlo. Simplemente, porque es justo, porque es su deber moral (y en algunos casos, también legal)
Nos dicen que es cosa de las ONG y de la ayuda internacional hacer frente a la pobreza, aunque muchos nos preguntamos cómo pretenden que lo hagan, a la vez que esquilman sus presupuestos hasta niveles insospechados (nuestro último record: destinar únicamente el 0,15% del PIB a cooperación al desarrollo). En cualquier caso, la labor humanitaria de las ONG no va a acabar con el problema estructural del hambre, sino que tan solo podrá aliviarlo en lugares concretos y momentos concretos. Una fiscalidad justa, sin embargo, es una fuente de recursos mucho más confiable y poderosa que la ayuda internacional. Además, facilita que los gobiernos rindan cuentas a los ciudadanos sobre su actuación, y que éstos se impliquen en el seguimiento y monitoreo del gasto público.
Hoy más que nunca, acuciados por recortes y pérdida de derechos conquistados a lo largo de décadas, deberíamos darnos cuenta de que al menos en esto, estamos juntos. Países desarrollados y en desarrollo sufrimos por igual las consecuencias de un sistema fiscal injusto, que juega un importante papel en la crisis que estamos viviendo.
Nos pueden seguir diciendo que no hay recursos, pero nadie medianamente informado puede obviar que disponemos de una poderosa herramienta para encontrar esos fondos que necesitamos. La fiscalidad, que juega un importante papel en el escándalo de la desigualdad y el hambre, puede ser también una poderosa herramienta para enfrentarlos. Un sistema fiscal justo podría garantizar la existencia de los servicios sociales públicos que todos necesitamos para vivir de manera digna y comprar y producir los alimentos que necesitamos.
Este año, los líderes más poderosos del mundo llegarán a Reino Unido para analizar el estado de la economía global y tomar decisiones que nos afectarán a todos. Ellos pueden, y sobre todo deben, actuar para cambiar el futuro de millones de personas que viven amenazadas por el hambre y la necesidad. Convencidos de ello, en InspirACtion han lanzado una nueva campaña “G8, va en serio”, en la que solicitan los líderes del G8 que pongan en marcha una nueva Convención Global sobre Transparencia Fiscal, que exija la publicación de los nombres de los verdaderos dueños de compañías, fundaciones y trusts, de tal forma que los paraísos fiscales no puedan seguir siendo un método para ocultar ganancias poco legítimas. El G8 debería además obligar a los paraísos fiscales a compartir información de manera automática con los países más empobrecidos sobre el dinero que guardan y su procedencia, ayudándoles a recuperar los impuestos que nunca llegaron a cobrar como consecuencia de la evasión fiscal.
Acabar con el hambre es posible. Pero no nos engañemos: será difícil hacerlo si no enfrentamos las estructuras que permiten mantener los privilegios de unos pocos a costa del sufrimiento de muchos. El fraude fiscal nos sale muy caro, y es hora de enfrentarlo.
* Si quieres unirte a la campaña de InspirAction y pedir al G8 que tome medidas para impulsar una fiscalidad realmente justa que enfrente el problema del hambre puedes hacerlo aquí.
Isabel Ortigosa es la Responsable de incidencia de la ONGD InspirAction