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viernes, 26 de octubre de 2012

ESTADOS UNIDOS De la guerra de Secesión a la liberación de los esclavos

ESTADOS UNIDOS

De la guerra de Secesión a la liberación de los esclavos




JAMES ILLINGWORTH

El 22 de setiembre de 1862, después de la victoria sangrienta de los Nordistas en la batalla de Antietam, el presidente Abraham Lincoln publicó una primera versión de la Proclamación de Emancipación de los esclavos (Emancipation Proclamation) decretando que todas las personas poseídas como esclavos en un Estado en rebeldía contra los Estados Unidos serían“en adelante, y para siempre, libres” el 1 de enero de 1863.
Esta declaración marcó un giro en la guerra que libraban los Estados de los Estados Unidos de América: ya no se trataba de una lucha en nombre de la unidad nacional, sino de una guerra revolucionaria por la libertad de los esclavos.
Pero a Lincoln le costó algún tiempo atreverse a jugar esta audaz carta. En 1860, su elección a la Casa Blanca –para la que se había presentado en nombre del joven partido republicano frente a dos candidatos demócratas esclavistas, representando uno de ellos a los Estados del Norte y el otro a los Estados del Sur– acarreó la constitución de los Estados esclavistas del Sur como Estados independientes, esto es la Secesión. Lincoln asumió sus funciones cuando los ejércitos nordistas y sudistas ya llevaban algunas semanas enfrentándose.
El nuevo presidente insistió en que el gobierno federal luchaba ante todo por “preservar la Unión”. En su discurso de investidura, Lincoln manifestó su voluntad de apoyar una enmienda a la Constitución que garantizase el mantenimiento del derecho a la esclavitud en los Estados del Sur donde estaba en vigor, a condición de que el Sur se sumase a la Unión. Sólo a los 18 meses del comienzo de la guerra, se decidió por fin Lincoln a comprometerse definitivamente contra la esclavitud.
Muchos abolicionistas habían mostrado su descontento ante el rechazo de Lincoln a abordar la cuestión de la esclavitud –un reto que para ellos constituía justamente la causa misma de la guerra, y una de las principales razones de la fuerza de los Confederados.
Como declaró Thaddeus Stevens, jefe de filas de los radicales en el Congreso, en enero de 1862: “¿Cómo se puede llevar a cabo una guerra para preservar a la vez la Unión y la libertad constitucional? Aún al riesgo de demoler prejuicios, de espantar a los simples de espíritu y de hacer temblar a los cobardes, esta Constitución debe ser aceptada y adoptada. Quienes sirven de carne de cañón en el conflicto pero son los enemigos naturales de los esclavistas, deben ser reconocidos como nuestros aliados. La emancipación universal debe ser proclamada para todos”.
La reticencia de Lincoln era el reflejo de las contradicciones del partido que representaba. Aunque la hostilidad creciente de los Estados del Norte hacia el Sur esclavista había llevado al poder a los republicanos, eso no convertía a los líderes de este partido en abolicionistas. Muchos de ellos esperaban, al igual que Lincoln, hacer caer en desuso la esclavitud, y dudaban de que fuese legalmente posible cuestionar el derecho de propiedad de los poseedores de esclavos.
Había otros retos políticos que preocupaban también a Lincoln. Queriendo rodearse de una coalición lo más amplia posible para luchar contra la secesión y la independencia de la Confederación sudista, Lincoln evitó adoptar medidas demasiado radicales. Insistía en particular en no perder la “lealtad” de los Estados esclavistas limítrofes que se habían mantenido fieles a la Unión, como Maryland y Kentucky.
Los acontecimientos de Missouri, en verano de 1861, muestran hasta dónde estaba dispuesto a llegar Lincoln para preservar una alianza anti-confederal tolerante con la esclavitud. Así, cuando el general John Charles Frémont, después de haber sufrido varias derrotas en este Estado, declaró unilateralmente la emancipación de todos los esclavos rebeldes que hubieran simpatizado con los Nordistas, Lincoln no sólo anuló dicha orden sino que desautorizó también a este general de opiniones radicales.
Pragmático, Lincoln resumió su posición sobre la cuestión de la esclavitud en una carta dirigida a Horace Greeley, redactor jefe de un periódico radical, en 1862: “Mi objetivo actual es ante todo salvar la Unión, y no salvar o destruir la esclavitud. Si pudiera salvar la Unión sin libertar a un solo esclavo, lo haría; si pudiera salvarla liberando a todos los esclavos, lo haría; si pudiera salvarla con el enfrentamiento de una parte de los esclavos y el abandono de la otra parte, también lo haría”.
Lo cierto es que un mes después de esta declaración, Lincoln presentó la Proclamación de Emancipación. Dos elementos empujaron a Lincoln y a su gobierno a revisar sus visiones conservadoras de esta guerra:
1. Las tropas de la Unión sufrieron varias grandes derrotas. Las victorias de los Confederados en los campos de batalla de Bull Run, Wilson’s Creek, Ball’s Bluff, etc., mostraron que los Confederados no estaban dispuestos a rendirse y que había que adoptar medidas drásticas para ganar esta guerra.
2. Igualmente importante, los esclavos no iban a esperar a Lincoln para actuar. En los Estados del Sur, desde que se declaró la guerra, millares de esclavos convencidos de que su futuro se jugaba en este conflicto decidieron luchar por su libertad.
A medida que avanzaban en el territorio de los Confederados, las tropas nordistas encontraban a esclavos que deseaban sumarse a ellas, al considerarlas aliados potenciales. Racistas, los oficiales y soldados blancos rechazaron en un primer momento acudir en ayuda de estos fugitivos negros. Hubo incluso mandos nordistas que llegaron a proponer ayuda a los Sudistas en caso de insurrección de los esclavos.
Pero la lógica les hizo cambiar pronto de enfoque. En Virginia del Norte, en el verano de 1861, las tropas nordistas del general Benjamin Butler tropezaron con esclavos fugitivos obligados por el Ejército de los Confederados a construir fortificaciones. ¿Debían los soldados nordistas entregar en bandeja de plata a sus enemigos esta mano de obra militar?
Butler se negó y declaró a los esclavos “contrabando de guerra”. A partir del momento en que fueron asimilados a “propiedades susceptibles de ser empleadas en un objetivo insurreccional” contra los Estados Unidos, los esclavos podían ser requisados por las fuerzas de la Unión. En pocas semanas, mil esclavos en fuga se incorporaron al campamento donde se hallaban las tropas de Butler.
En Washington, el gobierno Lincoln votó leyes que reconocían la nueva realidad del campo de batalla. Las llamadas leyes de confiscación (Confiscation Acts) de 1861 a 1862 dieron una justificación legal al argumento de Butler, y la ley marcial autorizó a las tropas de la Unión a utilizar los esclavos fugitivos. Empujado por esta nueva tendencia antiesclavista, el Congreso proclamó la abolición de la esclavitud en los territorios occidentales y votó un programa de emancipación de los esclavos, acompañado de una compensación financiera para los antiguos dueños.
En el mes de julio de 1862, Lincoln pensaba ya en libertar a los esclavos en el marco de una medida de guerra, pero chocó con los miembros de su gabinete, que le habían exhortado a esperar una gran victoria de la Unión en el campo de batalla antes de hacer este anuncio. La batalla de Antietam, en setiembre, fue la ocasión soñada.
En realidad, esta batalla no fue ninguna victoria aplastante de los Nordistas. Robert E. Lee, del Ejército de los Confederados de Virginia del Norte, se había propuesto invadir el Estado de Maryland, llevando a sus talones un gran ejército de la Unión, dirigido por el general, arrogante aunque miedoso, George McClellan.
El 17 de setiembre, los Confederados, menos numerosos, combatieron a las tropas de McClellan hasta que el conflicto se atascó en lo que fue una de las batallas más mortíferas de la guerra de Secesión. Aunque ninguna de las partes pudiera reivindicar una ventaja decisiva, Lee tuvo que batirse en retirada a Virginia –y Lincoln pudo entrar en escena.
De esta manera, el 22 de setiembre Lincoln declaró que, a no ser que los rebeldes decidieran sumarse a la Unión antes de acabar el año 1862, sus esclavos serían “en adelante y para siempre libres”. En virtud de la Proclamación de Emancipación, los hombres negros podrían también comprometerse con las fuerzas nordistas como soldados.
Las posiciones de Lincoln estaban muy alejadas de los abolicionistas radicales como Frederick Douglass [1818-1895, nacido esclavo, escribió en 1845 una impactante obra: La vida de Frederick Douglass, esclavo americano, escrita por él mismo], que defendía esta medida desde el principio, y que al final de la guerra y durante los años que la siguieron defendió categóricamente la abolición de la esclavitud contra cualquier solución de compromiso.
La Proclamación de Emancipación que proclamó Lincoln era también una manera de reconocer la transformación, ya iniciada, de esta guerra. Lincoln no se equivocaba cuando, en una carta, confiaba que no podía enorgullecerse de haber controlado los acontecimientos, e incluso confesaba haber sido “controlado por ellos”.
Fueron los acontecimientos de la guerra de Secesión lo que forzaron a Lincoln a adoptar medidas revolucionarias. Y él las tomó, lo que no es nada desdeñable: otros republicanos, que habían defendido más enérgicamente la abolición, dudaban.
Evidentemente, la Proclamación de Emancipación tuvo el efecto que Lincoln esperaba. El ejército nordista se convirtió oficialmente en un ejército de liberación, ya que en cada Estado del Sur que ganaba, podía llevarse a cabo la promesa de emancipación. Los esclavos negros huyeron en gran número para unirse a las líneas nordistas –y el papel de los soldados negros en el conflicto se volvió cada vez más capital.
De esta manera, una vez proclamada la emancipación, la guerra de Secesión se convirtió oficialmente en una guerra por la liberación de 4 millones de esclavos –y se inició un proceso de revolución social.
10/10/2012
http://socialistworker.org/2012/10/10/igniting-a-war-to-end-slavery
Traducción: VIENTO SUR

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